Lo que prometía ser la transformación del transporte público en Mérida, hoy se ha convertido en un dolor de cabeza para miles de usuarias y usuarios. El sistema Va y Ven, promovido con bombo y platillo por el gobierno anterior, fue implementado sin un estudio serio sobre la movilidad real de la ciudad.
El resultado: camiones lentos, traslados eternos, accidentes frecuentes y una flota que no responde a la demanda ni a la traza urbana.
Peor aún, los concesionarios que operan las rutas tradicionales ahora exigen más subsidios, presionando a un gobierno estatal que heredó el desorden financiero y estructural.
¿Y la ciudadanía? Paga con tiempo, con dinero y con frustración el costo de una mala planeación. El transporte debe ser un derecho, no una trampa.

El caso del Va y Ven en Mérida refleja una situación que se repite en muchos proyectos públicos: cuando se implementan soluciones de movilidad sin una planificación integral, sin diagnóstico técnico del territorio, y sin escuchar a quienes usan el sistema todos los días, el resultado suele ser ineficiente y costoso.
Invertir en unidades nuevas no garantiza éxito si no se acompaña de:
- Rediseño de rutas y horarios con base en patrones reales de movilidad.
- Infraestructura vial adecuada (paraderos, accesos, semáforos inteligentes).
- Capacitación continua de operadores.
- Transparencia con concesionarios y claridad sobre el modelo financiero.
Además, los subsidios deben beneficiar al usuario, no solo a los empresarios. Si el transporte no mejora la vida diaria de la gente —más rápido, más seguro, más barato— entonces la inversión pública no está cumpliendo su objetivo.
En resumen: el problema no es tener un Va y Ven, el problema es que no fue pensado para cómo realmente se mueve Mérida.
Es momento de repensar la movilidad desde las y los usuarios, no desde el capricho político.

El sistema de transporte que se vendió como modelo hoy parece un laberinto sin salida.
Ahora bien, El caos del Va y Ven no es casualidad. Es el resultado de una mala planeación heredada, pero también es la oportunidad perfecta para corregir el rumbo.
El nuevo gobierno tiene en sus manos la posibilidad de transformar el transporte público de Mérida si actúa con firmeza, datos y voluntad política.
¿Por dónde empezar?
Diagnóstico técnico con especialistas.
Reordenamiento real de rutas.
Auditoría pública a los subsidios.
Diálogo con usuarios reales.
Campañas de cultura vial y control de daños.

No se trata solo de mover camiones, se trata de mover mejor a las personas. La ciudadanía exige un sistema eficiente, justo y humano. La solución no puede esperar más.



