Una figura esencial del arte contemporáneo en México.
Este lunes 20 de octubre falleció en Mérida, a los 87 años, el artista yucateco Gabriel Ramírez Aznar, considerado una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo en México. Su muerte representa una gran pérdida para la cultura local y nacional, dejando un legado profundo que marcó generaciones.

Nacido en Mérida en 1938, Ramírez Aznar inició su camino artístico en 1959. En diversas fuentes se considera que su desarrollo fue más autodidacta y guiado por su propia exploración del color, la luz y la forma, más que por un aprendizaje tradicional bajo maestros específicos.
En 1965, realizó su primera exposición individual en la Galería Juan Martín, una de las más importantes del país, y ese mismo año participó en la IV Bienal de Jóvenes en París, consolidando su proyección internacional. Fue parte del movimiento Generación de la Ruptura, que se alejó del muralismo y apostó por la exploración abstracta y libre.
Su obra es reconocida por un uso expresivo del color, la luz y la gestualidad. Aunque trabajó desde una mirada contemporánea, Yucatán siempre estuvo presente en su pintura: el trazo libre, los tonos cálidos y las referencias sensoriales al entorno peninsular fueron constantes.
Además de pintor, fue escritor y crítico de arte. Publicó textos clave como El cine yucateco (1980) y Crónica del cine mudo mexicano (1989), destacando también como historiador cultural. Colaboró en revistas especializadas y fue promotor del arte moderno en la región. En Mérida, el Museo MACAY le dedica una sala permanente.
Un dato poco conocido: su vocación nació al ver la película Lust for Life, basada en la vida de Van Gogh. A partir de ese impacto, comenzó a pintar de manera autodidacta, guiado más por la intuición que por la técnica académica.
Gabriel Ramírez Aznar no solo deja una obra plástica valiosa, sino también una visión crítica y honesta del arte, siempre en defensa de la autenticidad. Su legado perdura como inspiración para nuevas generaciones de creadores yucatecos que apuestan por una expresión libre, profundamente conectada con su territorio y su tiempo.






